Quién diría
que debajo de
esa carita angelical,
se escondía una mujer ardiente,
que además de follar
sabía amar.
No dejes de sonreír,
porque cuando lo haces
mis poemas
- que son una esencia de ti -
se tornan tristes.
Volví a pensar en lo que solíamos ser y me destrocé el corazón un poco más.
Escritor de sueños






el-chico-de-la-poesia